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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Bailando y animando los 90

Por Verónica Fernández Ceriani

Pensá en algún programa infantil de los 90. Ahora pensá en un programa de actualidad -sí, la de los 90-. Ahora pensá en uno de entretenimientos. Seguramente, nuestra entrevistada de hoy estuvo en alguno de ellos.

Daniela Fernández empezó su carrera televisiva como bailarina en la obra Vivitos y coleando con Hugo Midón. Desde ese entonces recorrió los 90 de punta a punta en programas que nos marcaron a todos los que crecimos en esa época. Después de Vivitos y coleando fueron Fax, 360, Colores, Reina en Colores, Nico, Decime cuál es tu nombre, Patas para arriba y Locos por el fútbol. Así, supo convertirse en una cara infaltable dentro de todo recuerdo noventoso, ya sea acompañando o al frente de un programa. En 1995 se llevó el Martín Fierro Revelación por el exitoso móvil de Nico, que llegaba a reunir a miles de personas en cada barrio de la ciudad. En la escuela de danza y comedia musical que encabeza -El Centro-, recibió a Delosnoventas y nos habló del pasado y la actualidad de su carrera y la televisión.


lunes, 30 de noviembre de 2009

El ganador de los 90

Por Verónica Fernández Ceriani

Es momento de sincronizar los relojes y viajar en el tiempo hacia los años 90 para encontrarnos nada más y nada menos que con Parker Lewis.

El simpático personaje, paradójicamente un ganador total con todas las características de un loser, llegó a la pantalla chica en el año 1990 en Estados Unidos, aunque en la Argentina pudimos conocerlo varios años después, cuando la serie original había dejado de emitirse en su país de origen -1993-. Así fue que entre 1994 y 1996 muchos nos encariñamos con un grupito de adolescentes un poco raros, y un formato de sitcom súper novedoso para la época, gracias al manejo de cámaras, la edición impecable y el aporte de un libreto que rozaba lo surrealista.

El personaje principal, Parker Lloyd Lewis -encarnado por Corin Nemec- , fue uno de los primeros en usar la expresión “nota mental”, y se paseaba por el colegio Santo Domingo luciendo sus infaltables Converse y sus camisas necesariamente grandes y coloridas, siempre inquieto, planeando y fantaseando. Y también siempre secundado por su “pandilla”, integrada por la mole Kubiac, el rockero Mickey Randall y el clásico nerd superdotado Jerry Steiner –Abraham Benrubi, Billy Jayne y Troy W. Slaten respectivamente-.


Los pasatiempos preferidos del equipo en cuestión se resumían básicamente en urdir un plan para todo, ya sean misiones o travesuras, poniéndolo en marcha al grito de “sincronicen sus relojes”. Aunque la muletilla por excelencia de Parker, el más cool, el líder, “el ganador” –como se lo presentaba en sus emisiones argentinas- no era otra que “no es problema”, rara vez lograban eludir la eterna vigilancia de Shelly –la hermana menor y maquinadora de Parker, Maia Brewton- y la por siempre premenstrual señorita Musso, directora del colegio –Melanie Chartoff-.

La sitcom, que finalizó luego de tres temporadas y 73 episodios producidos por Columbia Pictures, no llegó a verse ni completa ni cronológicamente en la Argentina, por lo que el rating de la misma comenzó a mermar, sentencia absoluta para ser cancelada. A pesar de haberse alzado con ocho nominaciones en los Young Artist Awards por la actuación de sus protagonistas, ninguno resultó ganador; lo que sí se ganaron fue una canción compuesta por Fall out boy, incluida en el primer álbum de la banda e inspirada en la serie.

Por supuesto, todavía hoy muchos la extrañamos, y en la web pueden encontrarse dando vueltas algunas peticiones para que la compañía productora lance la colección completa de DVDs de Parker Lewis can’t lose. Con una mano en el corazón… si la recordás, ¡no nos digas que no la comprarías!


lunes, 16 de noviembre de 2009

Nuevos y efímeros radicales

Por Verónica Fernández Ceriani

No, no se trató de una agrupación política, aunque en sus letras se reflejaban críticas sociales y en especial contra las corporaciones. New radicals (Nuevos radicales) fue una banda que surgió en 1998, encabezada -y básicamente conformada completamente- por el cantante, productor y compositor Gregg Alexander. Los demás miembros nunca fueron estables y por los escenarios en los que se presentaban desfilaron infinidad de guitarristas, bateros, bajistas y tecladistas. La formación con la que se grabó su primer y único disco, Maybe you’ve been brainwashed too (Tal vez a vos también te lavaron el cerebro), estaba integrada por Paolo Degregorio (guitarra y sintetizador); Allessandro Allessandroni (cuerdas); Greg Phillinganes, Richard Knowles, Paul Gordon, Mitch Kaplan (piano); John Pierce, Lance Morrison, Dan Rothchild (bajo); John Freese, Gary Fergusson, Josh Freese, Stuart Johnson, Tal Bergman, Matt Laug (batería); Juliet Prater, Richie Podler, Lenny Castro (percusión) y Danielle Brisebois (coros).



Como un nuevo ejemplar de one hit wonder, New radicals saltó a la fama con el tema You get what you give (Obtenés lo que das), que entre otras cosas llamaba a los adolescentes a tener un sueño, criticaba al capitalismo y les pegaba palos a músicos como Courtney Love, Marilyn Manson, Beck y Hanson, acusándolos de personajes marketineros y comerciales, y amenazándolos con “patearles el culo”. El éxito de You get what you give llevó a New radicals a la cima de los charts mundiales y a hacer tours por Estados Unidos y Europa. El tema Someday we’ll know fue el siguiente paso de un camino que ya había llegado a su fin, ya que New radicals dejó de existir justo después de rodar el video para este segundo single.








Fue menos de un año después del lanzamiento de la banda. Dejando a sus fans con una pobre colección de un único CD –claro, en los 90 no existían tantos DVD musicales con conciertos, videos y backstages para rellenar las estanterías-, Alexander decidió separarse del grupo, lo que era lo mismo que disolverlo, ya que New radicals era él. Así se hicieron realidad los rumores que hablaban de la separación después de algunos conciertos cancelados en Atlanta –Estados Unidos- y en Reino Unido. El bajo perfil y la personalidad tímida y sosegada de Alexander fueron las características por las que, dijo, no aguantó el ritmo de las giras, ni dormir tres horas en una cama distinta cada noche, ni el acoso de la prensa. New radicals fue el segundo intento del cantante de subirse a los escenarios y a la fama, pero al igual que la primera vez – seis años atrás como solista– no pudo contra la vorágine del protagonismo musical y decidió dedicarse de lleno a la producción y composición para otros artistas.


Así fue que Gregg Alexander se quedó oficialmente pelado –rasgo que para la época de New radicals se había acentuado profundamente contrastando con la melenita de 1992-, y acompañó desde su estudio a artistas como Santana, Sophie Ellis Bextor, Rod Stewart, Boyzone y Geri Halliwell. Su talento musical lo ayudó a cruzar fronteras idiomáticas y a trabajar también junto a muchos artistas españoles. El más conocido fue Enrique Iglesias, para quien compuso y produjo en su disco Seven. Para muchos de estos trabajos, el ex líder de New radicals dejó de lado su nombre artístico número uno y adoptó el seudónimo Alex Ander para alejarse todavía más de los googleos y permanecer en el anonimato.

Hoy es un misterio dónde está y qué está haciendo Gregg Alexander, o Alex Ander, o Gregory Aiuto –tal como lo bautizaron sus padres en 1970-. Hasta hace tres años el compositor tenía una página web para mostrar e informar sobre sus trabajos, pero ya no existe. Ni hablar de Twitter, Facebook o MySpace, en los que solo pueden encontrarse tributos de fans, páginas que se preguntan “¿Dónde está Gregg Alexander?” o sitios de seguidores del artista, cuyas últimas actualizaciones, en su mayoría, datan de 2007. Sin embargo, el legado que dejó New radicals, un solo tema, You get what you give, todavía sigue vigente musicalizando películas y publicidades. El ejemplo más reciente fue en Argentina, cuando no parábamos de escucharlo en cada promo de la marca de telefonía celular Movistar, durante 2008 y parte de este año.



miércoles, 21 de octubre de 2009

El teléfono que supo ser "el celular del futuro"

Por Verónica Fernández Ceriani

Años atrás, cuando las fotos, los mp3, los videos y la pantalla color estaban limitados cada uno a su adminículo específico y nadie imaginaba que todos podrían estar juntos dentro de un teléfono, existió un equipo que fue el más moderno, la revolución en celulares y una joyita del diseño: el Motorola StarTac.

En diciembre de 1996 Motorola lanzó al mercado este teléfono que con apenas 88 gramos de peso y unas dimensiones de 98 por 57 por 23 milímetros se convirtió en el más pequeño de su época y abrió el camino para muchos nuevos modelos que adoptaron sus características como la línea a seguir en términos de evolución. El color negro, el dorado y luego el “rainbow” vistieron a este hito de la telefonía móvil.

Pero atención, lo magnífico del StarTac no terminaba acá. Este celular fue el primero con diseño Clamshell propiamente dicho, más conocido como “con tapita” y contornos redondeados –el paso previo fue el Motorola MicroTac, de 1989- y en permitir el por aquel entonces novedoso modo vibrar. Como si fuera poco, incluía un broche para colgarlo del cinturón sin necesidad de fundas y una batería que duraba alrededor de tres días. Su tamaño y peso, además, lo hacían ideal para “llevar en el bolsillo de la camisa”, como se promocionaba en los noventa. Según Motorola, el StarTac era el teléfono “listo para usar”, casi a modo de accesorio.

El éxito fue abrumador. A pesar de la novedad, su precio no estaba demasiado alejado de los teléfonos comunes en la Argentina y rápidamente Movicom –la compañía que lo comercializaba, hoy Movistar junto a Unifón- notó el ascenso en sus ventas. Es que en ese entonces, como ahora, todos querían el nuevo celular, y justamente el StarTac era EL nuevo celular.

No solamente para los usuarios el Motorola StarTac se ganó su lugar en el pedestal: la revista especializada PC World le otorgó el sexto puesto en la edición 2005 de su ranking de “Los 50 artefactos más grandiosos de los últimos 50 años”, y la revista Popular Science también le hizo sitio en su lista de "Los 100 mayores logros de la ciencia y la tecnología del año".

A pesar de haber sido superado por sus sucesores en cuanto a diseño, prestaciones y utilidades, los nostálgicos fanáticos –muy fanáticos- del StarTac tuvieron un momento retro entre 2004 y 2006, ya que Motorola Corea produjo una edición limitada del equipo en su décimo aniversario. Esta vez, mantenía su estética y contaba con tecnología 3G, pantalla color de 128 por 160 pixels de resolución, ringtones polifónicos y cinco carcasas intercambiables de color dorado, rojo, negro, blanco y azul. Y aquellos fanáticos –recalquemos nuevamente: muy fanáticos- pudieron adquirirlo por una suma de entre 1.600 y 2.000 dólares, solamente en el mercado coreano.

Lo que significó el StarTac según Motorola
“En 1996 la empresa Motorola revolucionó el mercado de la telefonía celular con el modelo StarTac. Reconocido luego como el mítico equipo de Motorola, pesaba 88 gramos y tenía el tamaño de un “pager” o “radiollamada”. La compañía lo identificó con la frase “listo para usar”, comparándolo con un accesorio que podía lucirse cómodamente en el cinturón del pantalón o colgar en el cuello como una joya más. La creación del StarTac era el primer paso hacia la evolución del diseño”.

El salón telefónico de la fama
Motorola confeccionó una línea de tiempo con la evolución del teléfono celular que actualiza constantemente. En el año 1996, el StarTac se aloja bajo el slogan “Pruébate este teléfono”.

“1996

Pruébate este teléfono
Teléfono StarTAC de Motorola para llevar puesto.

El innovador StartTAC de Motorola ha sido designado como uno de los "100 Mayores Logros de la Ciencia y la Tecnología del Año" por la revista Popular Science. Permitía que los usuarios lo lucieran en su cinturón, por su tamaño diminuto y comparable al de un localizador, con un peso de sólo 3,1 onzas. Los usuarios podían disfrutar de hasta 4 horas de conversación continua o hasta 47 horas de tiempo de reposo”.

Sin dudas, uno de los teléfonos más míticos de Motorola, con características que la mayoría de los actuales no ha podido superar, como la impecable señal, la carcasa resistente a golpes y el funcionamiento a prueba de sumersiones varias.

Agradecemos por información e imágenes a Ariel Pérez de Colombo Pashkus y a Danielle McNally - Motorola Media Center

viernes, 9 de octubre de 2009

Entrevista con Leonardo Greco, la cara de Disney en la Argentina de los 90

Por Verónica Fernández Ceriani

Octubre de 2009, bastó un simple “hola” de Leonardo Greco para que mi mente retrocediera casi veinte años en dos segundos y me situara en el living de mi casa, donde se ponía la mesa mientras yo me instalaba frente al televisor sin intención de moverme durante un buen rato: era la hora de El mundo de Disney.

En 1990, el programa comenzó como una idea de Gustavo Yankelevich, con formato propio, presentando material exclusivo de Disney –tanto el antiguo como el más novedoso- y conducido por un locutor de grandes bigotes y cara desconocida, aunque su voz ya contaba con presencia en la TV y con un Martín Fierro por su trabajo radiofónico. Leonardo Greco, quien le había prestado su voz a Pelín – el oso koala amarillo que secundaba a Flavia Palmiero en La ola está de fiesta- ahora se sentaba detrás de un escritorio sin más compañía que muñecos de personajes de Disney y a la espera de que el formato ideado por Gustavo Yankelevich diera resultado.

“Gustavo Yankelevich estaba por segunda vez en la dirección artística de Canal 11, esta vez ya siendo una empresa privada llamada TELEFE. Pensó una fórmula que sea importante para un horario en el que en todos los canales daban lo mismo: noticias. Y decidió ofrecer otra opción, una opción para el niño, que a esa hora todavía tenía el dominio del control remoto. Al primer día El mundo de Disney empezó a ganarles a todos los noticieros y después ya eran palizas de 32, 35 puntos de rating”, recuerda Greco en uno de los estudios de Magazine, canal en el que ahora trabaja como panelista de Yo amo a la TV.

El éxito de El mundo de Disney fue inmediato porque su público terminó siendo un poco más amplio que el que inicialmente se pensó: los grandes también lo miraban. Greco enumera: “Se juntaban el abuelo que lo veía de chico en el cine, más el papá que lo veía cuando yo lo veía los domingos a las siete de la tarde, Disneylandia, con la conducción de Walt Disney, más los chicos, que recién lo descubrían”. Claro, nada de esto fue casual. Además de presentar los clásicos dibujos y películas de Disney y armar especiales en fechas como el día de los enamorados, el mundo de Disney traía por primera vez a la Argentina series como Dinosaurios y Blossom.

Cuatro meses después del lanzamiento de El mundo de Disney por TELEFE, Walt Disney Company quiso saber de qué se trataba un programa que ponía al aire sus producciones sin seguir el clásico formato Disney. Greco recuerda: “La cosa era que había un distribuidor que compraba ese material de Disney y lo podía poner donde quisiera. Ellos vinieron y vieron. Se encontraron con tal éxito, con un programa que devolvía a Disney a la Argentina, que mejor no tocarlo. Disney entonces colaboró con nosotros para que el envío salga bien, nos abrió las puertas de los parques, hicimos una sociedad maravillosa”.

Más que la infinidad de viajes y los innumerables puntos de rating, el recuerdo más valioso para Leonardo Greco es la reacción de los chicos: “Había un encanto especial al que yo no estaba acostumbrado. No había trabajado para chicos, excepto esa vez con Flavia pero era por interpósita persona: abrazaban a Pelín -dentro del cual había una bailarina-, pero me veían a mí por la calle y no era nadie. En este caso sí, me reconocían, era muy grato, era muy tierno, me traían cartas, me preguntaban cosas. Porque además me veían en los parques, que yo interactuaba con los personajes, y me preguntaban por ellos, les mandaban mensajes. Después, a nivel padres, mucho respeto, mucho cariño”.

A pesar de haber dejado de trabajar para el público infantil hace tiempo, Leonardo Greco describe como “un sueño” poder volver a hablarles a los más chicos: “Me encantaría. Y mostrar todas las cosas que nos rodean más allá de la Play Station. Hay un montón de cosas en este planeta que son lindas de ver, de saber que están”. Proyectos, por ahora dos programas en Gambling TV –uno de truco y uno de pool- y una idea que da vueltas en su cabeza y que algún día puede llegar a ver la luz: “Poder presentar nuevamente en televisión abierta algunas cosas de Disney que no están, casi como una promoción del Disney Channel, pero ya con mis hijos, que sean dos generaciones. Yo puedo hacer un enunciado, pero que ellos cuenten con el idioma que tienen los chicos lo que estamos por ver. ¡Y somos otra vez los Greco jodiendo a la gente!”

Apertura de El mundo de Disney (1991)

martes, 15 de septiembre de 2009

Murió Patrick Swayze, un hito del cine de los 90

Por Verónica Fernández Ceriani

El actor murió ayer, 14 de septiembre, a los 57 años, luego de una larga pelea contra el cáncer de páncreas.

Swayze se hizo famoso con su actuación en la película Dirty Dancing (1987), papel por el que recibió tres nominaciones al Globo de Oro. Pero fue con el film Ghost (1990), junto a Demi Moore, que llegó al podio de las figuras emblemáticas de la década. La película, en la que participó Whoopi Goldberg interpretando a una médium excéntrica y sorprendida de sí misma, permitió que demostrara sus cualidades actorales, al interpretar el difícil papel de un fantasma enamorado.

El final de Ghost, musicalizado con el tema Melodía desencadenada, versionada por los Righteous Brothers, es infaltable, aún en la actualidad, en todo ranking de las mejores escenas de película.





Nacido el 18 de agosto de 1952 en Houston, Texas, Patrick Swayze se formó como bailarín en la escuela de danzas de su madre, lo que lo llevó a protagonizar Dirty Dancing en 1987. En 1975 se casó con la actriz y bailarina Lina Niemi, con quien permaneció hasta el final. A principios de 2008 le diagnosticaron un cáncer de páncreas que no pudo vencer a pesar de su lucha.

Adiós al protagonista de un recuerdo que cualquier noventoso de ley guarda en algún rincón.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Los 90 según Wayne

Por Verónica Fernández Ceriani

Corría el año 1992 cuando se presentó la película El mundo según Wayne (Wayne’s world). Poco más de cuatro años habían pasado desde el nacimiento televisivo de Wayne Campbell y Garth Algar, dos adolescentes de ficción rockeros, ávidos de estrellato y acercamientos con los grandes de la música, interpretados por los comediantes Mike Myers y Dana Carvey.

Aunque el personaje principal había tenido su propio segmento dentro del programa de la CBC It’s Only rock and roll, fue en Saturday Night Live que Wayne y Garth alcanzaron la fama en un sketch llamado El mundo según Wayne. Éste simulaba un programa artesanal, bancado por los dos adolescentes, emitido desde el sótano de Wayne en Aurora, Illinois, y visitado por sus profesores, familiares, amigos y las más grandes estrellas de la música internacional.

Una de las acciones para anunciar el lanzamiento de la película basada en el famoso sketch, durante enero y febrero de 1992, fue un video musical en Mtv, un formato promocional muy novedoso para la época, en el que Wayne y Garth interpretaban su propio hit, Pain cave.

Así fue como estos dos personajes, que llevaban al extremo el estereotipo del adolescente hormonal y rockero, con cierta ingenuidad, llegaron a la pantalla grande con la primera de sus películas. Esta vez, Wayne y Garth abandonan su programa luego de que un ejecutivo compra los derechos y le quita identidad. La rivalidad con el ejecutivo de televisión, el amor de Wayne y su novia Cassandra –cantante- y encuentros con artistas de la talla de Alice Cooper y Meat Loaf matizan la historia, por momentos narrada a cámara por el propio Wayne –consciente de que está dentro de una película-, con la participación de Rob Lowe, Tia Carrere y Lara Flynn Boyle.


El soundtrack no se queda atrás, e incluye los temas Bohemian rhapsody de Queen –al iniciar la película-, Hot and bothered de Cinderella, Sikamicaniko de Red Hot Chili Peppers, Feed my Frankestein de Alice Cooper –en vivo- y Foxy lady de Jimi Hendrix.

En la secuela de El mundo según Wayne, un año después -1993-, Wayne y Garth retoman su programa, esta vez emitido desde una fábrica abandonada también en Aurora. La línea argumental recorre la visita de los protagonistas a un concierto de Aerosmith, las idas y vueltas de Wayne con su novia Cassandra en las que se interpone un nuevo productor –y pretendiente- interpretado por Christopher Walken, y la organización del festival Waynestock.

Temas de Aerosmith, Robert Plant, 4 Non blondes y Jimi Hendrix pueden escucharse a lo largo de la película.


lunes, 31 de agosto de 2009

Las ideas eternas de una década

Por Verónica Fernández Ceriani

Los 90, la era del consumismo y del deme dos desenfrenado en Argentina. Los bienes importados, los viajes, y esa irremediable transformación de un producto en un deseo, en una necesidad, no llegaron solos. Claro que alguien les tuvo que dar una mano, alguien tuvo que guiar esas cosas hasta la vida de los consumidores, al nivel de convertir una marca en un integrante más de la familia.

En ese contexto, hubo una dupla que dejó su huella durante toda la década. Causaron casi una revolución, mientras se codeaban con las más grandes marcas multinacionales y argentinas. Tranquilo, tranquilo, no te vamos a hablar de Cavallo y el riojano. Este dúo pertenecía al mundo de la publicidad (aunque teniendo en cuenta una de sus perlitas de 1999, que veremos al final del post, tendríamos algo para reprocharles...)

Ramiro Agulla y Carlos Baccetti son dos creativos argentinos que saltaron al cielo publicitario en el año 1991, con el comercial "Confusión" de Hellman's (imposible no recordar algunas frases embleméticas del spot si viviste, así sea dentro de un Tupper, en los 90). Cuatro años después fundaron su propia agencia, responsable de ese "Gol gol gol, en tu cabeza hay un gol" (que efectivamente se quedaba en tu cabeza durante horas), de que repitas hasta el cansancio los chistes (que aún hoy pueden escucharse como ringtones) de La llama que llama, de que por primera vez notes que el bostezo es contagioso, y de que la publicidad argentina diera un salto en el país y en el mundo, abriendo un enorme camino para nuevos creativos locales en festivales como Clio, Fiap y Cannes Lions, que se mantiene hasta la actualidad.

Estas son algunas de sus ideas.